jueves, abril 23, 2026

El yotrón conociéndose a si mismo, en la operación Trinitaria

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Escriturales del Reino 0090

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Escriturales del Reino 0090

Pero esta verdad lo es en tanto en cuanto se usa de manera pragmática en el día a día. Según Poincaré, las matemáti- cas requieren un rigor absoluto en su manejo y una gran dosis de abstracción en su concepción. Pero todo lo que gana en rigor y abstracción, lo pierde en objetividad y viva realidad.

Pero, ¿acaso creemos que las matemáticas han alcanzado un rigor absoluto sin sacrificio alguno? En absoluto; lo que han ganado en rigor, lo han perdido en objetividad. Es precisamente al distanciarse de la realidad que han adquirido esta pureza perfecta. Se puede explorar libremente todo su dominio, antaño plagado de obstáculos, pero estos no han desaparecido. Simplemente se han desplazado a la frontera, y deben superarse de nuevo si se desea cruzarla y adentrarse en el ámbito de la práctica.

En el pasado, cuando se inventaba una nueva función, era con algún propósito práctico; hoy en día, se inventan expresamente para refutar el razonamiento de nuestros antepasados, y eso es todo lo que se logrará.

Es cierto que las matemáticas se limitan al dibujo, siendo simplemente la ciencia de las magnitudes. También es cierto que solo pudieron alcanzar sus maravillosas aplicaciones mediante la invención de ciertos símbolos, y que, si bien la intuición que acabamos de analizar está en el origen de la invención, es el símbolo, y solo este, el que interviene en la aplicación.

Pero la metafísica, que no busca ninguna aplicación, puede y, con frecuencia, debe abstenerse de convertir la intuición en un símbolo. Liberada de la obligación de llegar a resultados prácticamente útiles, expandirá indefinidamente el ámbito de sus investigaciones. Lo que habrá perdido, en relación con la ciencia, en utilidad y rigor, lo recuperará en alcance y amplitud. Si las matemáticas son simplemente la ciencia de las magnitudes, si los procesos matemáticos se aplican solo a las cantidades, no hay que olvidar que la cantidad es siempre cualidad en su estado naciente: es, podría decirse, su caso límite. Por lo tanto, es natural que la metafísica adopte, para extenderla a todas las cualidades, es decir, a la realidad en general, la idea generativa de nuestras matemáticas.

La precisión científica es más fácilmente alcanzable en los fenómenos más superficiales —es decir, allí donde las cosas pueden ser contadas, calculadas, sentidas y vistas; donde las cantidades pueden ser determinadas. Así, los ámbitos más empobrecidos de la existencia fueron los primeros en ser cultivados con fruto. La exigencia de que todo deba ser explicado de manera mecanicista es un instinto —como si las intuiciones más valiosas y fundamentales se hubieran logrado precisamente en esas áreas en primer lugar: lo cual es una ingenuidad. En realidad, todo aquello que puede ser contado y aprehendido tiene escaso valor para nosotros; lo que yace más allá del alcance de nuestra «aprehensión» es lo que consideramos «superior». La lógica y la mecánica son aplicables únicamente a los aspectos más superficiales; son, en rigor, meramente un arte de esquematización y abreviación, un dominio de la multiplicidad logrado mediante un arte de la expresión —no un «comprender», sino más bien un designar con fines comunicativos. Concebir el mundo reducido a su superficie es, ante todo, volverlo «aprehensible».
La lógica y la mecánica nunca tocan la causalidad. Nietzsche, *Sämtliche Werke* [Obras completas], Vol. 12: *Nachgelassene Fragmente 1885–1889* [Fragmentos póstumos], p. 190, dtv / de Gruyter (edición en papel fino), 1980.

De manera idéntica, el fragmento 3 vuelve a sugerir que debemos renunciar al significado absoluto de los atributos físicos asociados a los objetos. Debemos, pues, negar que los fenómenos físicos sean absolutos.

Debemos, pues, negar que los fenómenos físicos sean absolutos. Ambas teorías coinciden en este punto. Niels Bohr solo apuntó la existencia de una lógica común fronteriza entre la teoría cuántica y de la relatividad. Este aspecto es crucial pues se trata de una conexión entre ambas. Bajo esta perspectiva, las cosas no son absolutas, sino que existen en relación con otras cosas. Por ejemplo; me siento en una silla, pero la silla descansa en el suelo que forma parte de la estructura del edi- ficio que, a su vez, se apoya en la tierra.

Mediante la intuición de la nada, Niels Bohr, Einstein and Heisenberg, alcanzaron este punto de vista de la negación de lo absoluto. Niels Bohr se refiere a lo que yo denomi- no “la nada como carencia de subsistentia”, cuando dice que la física atómica, al contrario que la física clásica que, otorgaba atributos inherentes a los objetos ide- alizándolos, les priva ahora de significado. La expresión “privar de significado” se refiere a la nada como ausencia de significado. ¿Es esta sorprendente semejanza un mero accidente? No, no lo es. La intuición de la nada es la base que me permite vislumbrarla. La negación de lo absoluto a través de la intuición de la nada es la base común de las teoría de la relatividad y cuántica.

Por el contrario, mantener el requisito de causalidad para los procesos luminosos individuales —cada uno caracterizado por un cuanto de acción— conlleva una renuncia con respecto a sus relaciones espacio-temporales.
*El postulado cuántico y el desarrollo reciente de la teoría atómica*; *Die Naturwissenschaften*,
Vol. 16, 1928, p. 246
6
Según la teoría cuántica —precisamente debido a la interacción no despreciable con el instrumento de medición— se introduce un elemento completamente nuevo e incontrolable en toda observación. Como resulta evidente de las discusiones precedentes, la medición de las coordenadas espaciales de una partícula no está meramente asociada a un cambio finito en sus variables dinámicas; más bien, la determinación de su posición significa una ruptura total en la descripción causal de su comportamiento dinámico, del mismo modo que el conocimiento de su momento se obtiene invariablemente a costa de una brecha insalvable en el seguimiento de su propagación espacio-temporal.
Es precisamente esta circunstancia la que revela claramente el carácter complementario de la descripción cuántico-teórica de los fenómenos atómicos.

7
Por su propia naturaleza, la mera formulación del argumento de la relatividad presupone la unificación —peculiar de las teorías clásicas— de la coordinación espacio-temporal con el requisito de causalidad. En consecuencia, al adaptar el requisito de relatividad al postulado cuántico de una manera conceptualmente consistente, debemos estar preparados para renunciar a la visualizabilidad intuitiva —en el sentido ordinario— en un grado que va incluso más allá de lo que implican los métodos teórico-cuánticos aquí analizados.

8 e causal mode of description has deep roots in the conscious endeavours to uti- lize experience for the practical adjustment to our environment, and is in this way inherently incorporated in common language. By the guidance which analysis in terms of cause and effect has offered in many fields of human knowledge, the principle of causality has even come to stand as the ideal for scientific explanation. On the notions of causality and complementarity. Dia- lectica, Vol. 2 p.312 Presses Universitaires de France

Este es el tipo de pensamiento que podemos encontrar en filosofía. Por ejemplo, Kitarou Nishida, filósofo japonés, dice que la ley de causalidad es solo una costumbre de la mente, (“Nishida Kitarou complete works, vol. An Inquiry into the Good “ pp 56-57, Iwanami Shoten). Bergson tiene una visión similar (Henri Bergson Mélanges. PUF, 1972, p.423 ). En lugar de ley de causalidad, Bohr insiste en hablar sobre complementariedad. Los fenómenos naturales se complementan aunque a veces se producen lo que parecen contradicciones. Pero incluso cuando estas parecen producirse en la superficie, los fenómenos naturales y condiciones ocurren como un todo. Kitaro Nishida lo llamó “self-identity of absolute contra-
43 SPOŁECZEŃSTWO I EDUKACJA. Międzynarodowe Studia Humanistyczne Społeczeństwo i Edukacja, ISSN: 1898-0171, 15 (3) 2014, s. 35-48 dictories” ( Nishida complete works, vol. pp. 398~400). Einstein acuñó el término Relatividad. A su vez, Bohr usó el término Complementariedad.

Se vuelve al caracter absoluto de los objetos asociados tomando como referencia no el objeto ni lo que se piensa del objeto sino tomando como referencia la verdad la cual es de causa-causa.

 

 

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